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Abbazia di San Galgano

Introducción

 

Si se conduce por la carretera SS73 de Siena en dirección sudoeste se llega a la Abadía de San Galgano, un maravilloso lugar que data del siglo XIII. Hoy en día se encuentra en muy malas condiciones; sin embargo, lo que aún puede verse es muestra de cuán magnífico era en su esplendor Gótico. La entrada a esta abadía, una de las más importantes de toda Italia, es gratuita.
En Val d’Elsa los monjes de la Abadía de San Galgano solían estar al mando de la justicia y eran también quienes llevaban las finanzas de Volterra y Siena. Por lo tanto, estos monjes tuvieron mucha influencia a la hora de construir el Duomo de Siena y ejercían su autoridad sobre Siena y Volterra.
Alrededor del año 1300, Sir John Hawkwood saqueó por lo menos dos veces la abadía y se llevó varios objetos de valor. El mal estado de la abadía entera empeoró, y alrededor del año 1500 los monjes cisterninos de la abadía ya no eran tan poderosos ni ricos como en años anteriores. En el siglo XVIII el campanario y el techo de las criptas se vinieron abajo.
Hoy la abadía no tiene techo, pero sus muros de piedra y ladrillo han sobrevivido todo este tiempo y siguen erguidas.
Junto a la iglesia se encuentran los restos del monasterio y claustros donde hay hoy una oficina de turismo (tel. 0577 75 67 38; abierta de 10.30am a 7pm, desde Pascuas hasta el mes de octubre).
En la abadía se realizan también varios conciertos de verano, que son auspiciados por la Accadema Musicale Chigiana.
Al principio los monjes solían alojarse en la Cappella di Monte Siepi, la cual pareciera vigilar la abadía más tarde construida por los monjes cisterninos. Esta diminuta y circular capilla de estilo romántico tiene en sus muros frescos de Ambrogio Lorenzetti. Sus temas eran los eventos en la vida de San Galgano. Desafortunadamente, dichos frescos se encuentran hoy en muy mal estado. San Galgano, quien recibió la visita de San Miguel, pasó los últimos años de su vida aquí, como si ésta fuese su ermita. Según la leyenda, la espada clavada en el suelo significa que él nunca se hubiera rendido ante ningún placer terrenal.

 



 
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